

La temporada 2026 de la Fórmula 1 aún no arranca oficialmente y ya tiene su primera gran polémica. El protagonista: Max Verstappen. El tetracampeón del mundo cuestionó sin filtros los nuevos monoplazas adaptados al reglamento técnico de la FIA y encendió el debate en el paddock.
Tras la segunda jornada de ensayos oficiales en Baréin, el piloto de Red Bull Racing comparó su coche con una “Fórmula E con esteroides”, dejando claro su inconformismo con la nueva era técnica. “No es muy Fórmula 1”, afirmó en el circuito de Sakhir, mientras su equipo —que este año monta motor Ford— cerraba la jornada en la 17.ª posición.
Verstappen, conocido por no guardarse nada ante la prensa, fue más allá: cuestionó la diversión al volante y aseguró que la categoría se acerca a un concepto centrado en la energía, la eficiencia y la gestión, elementos más propios de la Fórmula E. Sus palabras rápidamente cruzaron fronteras.
Desde Alemania llegó una respuesta contundente. Ralf Schumacher, ex piloto de Williams Racing y hermano del legendario Michael Schumacher, pidió mesura. “Entiendo a Max. Puedes tener tu opinión. Pero la Fórmula 1 es más grande que cualquier individuo, incluso más grande que Bernie Ecclestone, y él la inventó. Nunca debes olvidar de dónde vienes”, señaló en el pódcast Backstage Pit Lane.
La controversia pone el foco no solo en el rendimiento del nuevo Red Bull, sino también en la adaptación de los pilotos a una reglamentación que busca mayor sostenibilidad y eficiencia energética. Con la temporada a la vuelta de la esquina, la tensión ya está en pista… y fuera de ella.
El semáforo de 2026 todavía no se apaga, pero el debate ya está en rojo.