

Escrito por: Gabydeportes
Durante años, el lateral fue una posición de obediencia. Marcar, pasar y volver a marcar. Poco brillo, poca narrativa. El fútbol cambió y algunos lo entendieron antes que otros. Achraf Hakimi no solo lo entendió: lo empujó. Hoy, cuando se debate quién es el mejor lateral del mundo, su nombre no aparece como una opción más, sino como la referencia.
No es casualidad. Tampoco es una moda. Es una construcción sostenida de rendimiento, contexto y datos.
Empecemos por lo evidente: la incidencia ofensiva. Hakimi produce como pocos defensores en el fútbol de élite. En sus últimas temporadas completas en Europa, se ha movido con regularidad en dobles dígitos entre goles y asistencias, cifras que históricamente estaban reservadas para extremos y mediapuntas. En el Inter campeón de la Serie A, fue decisivo: llegó al área, finalizó jugadas y aportó goles clave en partidos grandes. En el PSG, rodeado de estrellas, mantuvo ese impacto sin perder protagonismo.
Pero los números, por sí solos, no explican el fenómeno. Lo que distingue a Hakimi es cómo produce esos números. No vive del centro esporádico ni del balón parado. Su aporte nace del juego: rupturas constantes, diagonales desde la banda hacia el carril interior, asociaciones cortas y una lectura del espacio que lo hace aparecer donde el rival menos lo espera. Es un lateral que rompe sistemas defensivos.
En lo físico, los datos también hablan. Hakimi es uno de los jugadores más veloces del fútbol mundial. Registros de competiciones UEFA y ligas top lo han ubicado repetidamente por encima de los 34,64 km/h, un umbral que solo alcanzan futbolistas con potencia de élite. Esa velocidad no es un lujo: es su seguro táctico. Ataca con agresividad porque sabe que puede volver. Defiende alto porque confía en su capacidad de corrección. En un fútbol donde el error se castiga con transiciones rápidas, Hakimi es antídoto y amenaza al mismo tiempo.
Ahora bien, el debate suele detenerse en una pregunta incómoda: ¿y la defensa? Durante años, fue el argumento para ponerle un asterisco a su grandeza. Hoy, ese asterisco se ha ido borrando. Hakimi no es un lateral defensivo clásico, pero ha mejorado notablemente en posicionamiento, lectura de cierres y duelos en carrera. No gana defendiendo con el cuerpo; gana defendiendo con el tiempo y el espacio. Y en el fútbol moderno, eso vale tanto como una barrida perfecta.
Desde lo táctico, su valor se multiplica. Hakimi ha rendido en línea de cuatro, como carrilero en línea de cinco y como lateral interiorizado. No todos los jugadores soportan ese cambio de rol sin perder impacto. Él sí. Entrenadores con ideas distintas han coincidido en algo: Hakimi entiende el plan y lo ejecuta con naturalidad. No necesita ser protegido por el sistema; muchas veces, es el sistema el que se construye alrededor de él.
El plano internacional terminó de consolidar su estatus. En el Mundial de Catar 2022, Marruecos hizo historia y Hakimi fue uno de sus ejes. No solo por lo que jugó, sino por cuándo lo jugó. Ante selecciones de peso, en escenarios de máxima presión, respondió con personalidad, liderazgo y jerarquía. Fue lateral, carrilero y líder emocional. En un torneo corto, donde no hay margen para esconderse, Hakimi se expuso… y salió fortalecido.
Hay otro dato menos medible, pero igual de determinante: la mentalidad. Hakimi no se esconde en partidos grandes. Pide el balón, asume riesgos y convive bien con la responsabilidad. En equipos repletos de figuras, no acepta ser actor secundario. Y eso, para un lateral, es una rareza que marca diferencia.
Compararlo con otros grandes laterales de su generación no es injusto; es necesario. Mientras muchos destacan por una sola faceta defender, asistir o sostener el sistema, Hakimi impacta en todas. Hakimi no encaja en etiquetas simples. No es solo velocidad, ni solo desborde, ni solo táctica. Es la combinación de todo eso funcionando al mismo tiempo, partido tras partido, en el nivel más alto del fútbol mundial.
Por eso, cuando se dice que Achraf Hakimi es el mejor lateral del mundo, no se habla solo de trofeos, estadísticas o highlights. Se habla de influencia real en el juego, de continuidad en la élite y de una posición que, gracias a él, dejó de ser silenciosa. Hakimi no acompaña el partido: lo empuja.
En una era donde el fútbol exige especialistas híbridos, Achraf Hakimi no es una excepción. Es el modelo. Y quizá, dentro de algunos años, cuando se explique cómo evolucionó el lateral moderno, su nombre no aparezca como referencia… sino como origen.