
Escrito por: Gabydeportes
En el mundo del fútbol, donde parece que lo único importante es hacer goles y ganar títulos, hay un tema que suele quedarse guardado en el cuarto de San Alejo: la salud mental de los deportistas.
Y no, hablar de salud mental no significa que los jugadores estén locos. La verdadera pregunta es otra: ¿realmente están preparados para disputar una final desde el punto de vista emocional y mental?
Mucho se habla de la preparación física, la recuperación muscular y las tácticas para enfrentar un partido decisivo. Sin embargo, pocas veces se analiza el impacto psicológico de la competencia. Una semana de críticas e incertidumbre puede afectar el rendimiento de cualquier jugador. También lo puede hacer la presión por conseguir un resultado o el miedo a cometer un error.
Hay futbolistas que realizan temporadas extraordinarias. Sin embargo, al llegar a una instancia decisiva no logran rendir al mismo nivel. Se desconocen, dudan y parecen perder la confianza en sí mismos. No porque les falte talento. La carga emocional, en algunos casos, termina siendo más fuerte que cualquier preparación física.
Pero para eso existe el psicólogo, ¿no?
Sí, aunque no se trata de cualquier profesional. En el deporte de alto rendimiento existe la psicología deportiva. Esta disciplina prepara mental y emocionalmente a los atletas para afrontar los retos de la competencia.
Según la CONMEBOL, el psicólogo deportivo es una figura clave dentro de un equipo. Su trabajo ayuda a potenciar el rendimiento de los futbolistas. También contribuye a proteger su salud mental y a gestionar la presión de competir al más alto nivel.
Su labor va mucho más allá de atender problemas personales. También fortalece la confianza, la concentración y el manejo de la frustración. Además, favorece la cohesión dentro del grupo.
Por eso, contar con un psicólogo deportivo no debería ser un lujo. Tampoco una solución de última hora. Debería formar parte de la estructura básica de cualquier club profesional.
Se necesita un profesional que conozca a los jugadores y construya relaciones de confianza. Alguien capaz de detectar a tiempo señales de ansiedad, estrés o agotamiento emocional.
La importancia de este acompañamiento se refleja incluso en el fútbol de élite. En una entrevista reciente, el psicólogo deportivo Arnau Torelló explicó que el joven futbolista Marc Bernal, tras superar una grave lesión de rodilla, atravesaba un proceso de recuperación de su “identidad competitiva”.
Es decir, no bastaba con estar recuperado físicamente. También necesitaba volver a sentirse futbolista. Debía recuperar la confianza, la capacidad de tomar decisiones y la seguridad necesaria para competir al máximo nivel.
Ese ejemplo demuestra que la recuperación de un deportista no termina cuando recibe el alta médica. La mente también necesita tiempo para volver a competir.
Una lesión puede sanar en el cuerpo. Sin embargo, el miedo a recaer puede permanecer durante meses. Lo mismo ocurre con la inseguridad o la presión por recuperar el nivel anterior.
Por eso, cuando veamos a un jugador regresar de una lesión, fallar un penal en una final o tener un mal partido, no nos apresuremos a señalarlo como un mal futbolista. Tampoco a decir que “no tiene personalidad” o que “le pesa la camiseta”.
Antes de juzgar, vale la pena preguntarnos qué está ocurriendo detrás de ese rendimiento.
¿Se encuentra bien emocionalmente? ¿Está atravesando una situación familiar complicada? ¿Ha recuperado la confianza después de una lesión? ¿Cuenta con el acompañamiento de profesionales especializados? ¿El club lo respalda en los momentos difíciles? ¿O está enfrentando todo el proceso en soledad?
Los aficionados solemos analizar lo que sucede durante noventa minutos. Sin embargo, rara vez conocemos las batallas que los deportistas libran lejos de las cámaras.
Y aunque eso no explica todos los errores, sí nos ayuda a comprender algo fundamental: detrás de cada camiseta hay una persona. Una persona que también siente presión, miedo, frustración e incertidumbre.