

A sus 36 años, Nairo Quintana pedalea con la serenidad de quien ya conquistó las montañas más exigentes del mundo, pero también con la lucidez de quien sabe que el tiempo no se detiene. Tras competir en Omán y encadenar varias carreras en España, el boyacense reconoció en entrevista con AS que el retiro empieza a asomar en el horizonte.
“Se ve que está más cerca porque ya no tengo 20 ni 25 años… ya son 36 y aunque para la cabeza es difícil aceptarlo, ha pasado el tiempo”, confesó. Sin embargo, dejó claro que todavía disfruta la bicicleta y que no piensa bajarse pronto: “De momento voy a seguir hacia adelante disfrutando y más adelante veremos en el momento que deba ser”.
Balance físico y profesionalismo intacto
Quintana aseguró que atraviesa un buen momento físico. “Ya están calientes los motores, he tenido buena sensación y hay que disfrutar primero y aprovecharlo cuando se puede”, afirmó. Parte de esa vigencia, explicó, se debe al cuidado personal y a la disciplina que ha mantenido durante toda su carrera.
“Creo que hemos tenido la oportunidad de cuidarnos muy bien, de tener buena salud y cuando la salud respeta el cuerpo responde muy bien”, señaló. Y fue contundente al hablar de su ética profesional: “Nunca me he dejado, no he llegado gordo, no he llegado a destiempo, siempre he hecho el máximo con el máximo profesionalismo”.
Sobre su palmarés, no guarda cuentas pendientes: “No me queda ni espinita ni remordimiento porque cuando lo das todo, no tienes que reprochar”.
La educación, un logro más grande que un título
Más allá de las victorias en las grandes vueltas, Nairo sorprendió al afirmar que uno de los mayores logros de su vida no está ligado a una carrera. Su paso por la Universidad Sergio Arboleda y por la New York University marcó un antes y un después en su formación personal.
“Ha sido de las cosas más importantes que he hecho en mi vida, poder ir a la universidad, poder aprender”, confesó. Aunque durante años se sintió frustrado por no poder estudiar debido a la alta competencia, logró compaginar ambas etapas y hoy lo considera un triunfo fundamental.
Esa visión también guía sus proyectos sociales en Colombia. “Más que sacar campeones es sacar buenas personas. El énfasis primero es que los jóvenes puedan educarse”, aseguró.
Recuerdos imborrables y heridas abiertas
Entre los momentos más especiales de su carrera, destacó el 20 de julio en la etapa 20 del Tour de Francia, una fecha que calificó como “muy importante” en su vida deportiva.
No todo ha sido celebración. Recordó con dolor la caída sufrida el año pasado en Burgos: “Me dolió el cuerpo, pero también por dentro, el sentimiento y el orgullo me tocó muchísimo”.
También expresó preocupación por la evolución del ciclismo actual, especialmente por el aumento de las velocidades. “Hemos visto cronos a 60 km/h de media. Esto es increíble… no hace que se disfrute y en algún momento se tiene que regular”, advirtió.
Rivales, admiración y mirada crítica
Al repasar su generación, habló con respeto de figuras como Alejandro Valverde, Alberto Contador, Chris Froome y Vincenzo Nibali. Sobre Contador fue especialmente elogioso, resaltando su inteligencia y capacidad estratégica.
En cuanto al presente, se refirió a Tadej Pogačar como “una máquina”, aunque evitó comparaciones con leyendas como Eddy Merckx o Miguel Indurain. “Ha sido el mejor de la época, más que el mejor de todos los tiempos, porque son momentos diferentes”, reflexionó.
Crisis del ciclismo colombiano
Uno de los puntos más sensibles fue su análisis sobre la actualidad del país. “Creo que hay una crisis clara porque hace más o menos 10 años éramos 22 en el WorldTour y hoy somos apenas 11”, advirtió, señalando que la reducción a la mitad evidencia un retroceso.
Aun así, mantiene la esperanza en la nueva generación. “Comienzan a verse dos, tres, cuatro jóvenes que pintan muy bien”, dijo, aunque insistió en la necesidad de modernizar procesos y, si es necesario, llevar a los talentos al exterior desde edades tempranas para que evolucionen al ritmo del ciclismo internacional.
Entre la experiencia y la conciencia del paso del tiempo, Nairo pedalea con la misma convicción de siempre. Sabe que el retiro llegará, pero también que su legado no se mide solo en podios o camisetas de líder. Está en la educación, en sus proyectos sociales y en haber competido siempre —como él mismo afirma— con el máximo profesionalismo.